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Ancla que supuestamente perteneció al Sverige

Arganeo de un ancla que  perteneció al Sverige

Pocos momentos son tan emotivos como sumergirse en la historia. El naufragio de un buque y su lucha contra un destino inevitable en la mar, siempre ha sido sustento de apasionantes charlas, sobre todo, cuando el viento ruge y la mar estalla tanto, que parece que se va a desbordar.

Como el naufragio del Sverige, cuyas circunstancias y hechos posteriores, lo convierten en una pequeña gran historia para contar.

El naufragio de este buque de guerra, un navío del siglo XVIII, del porte de 72 cañones, tuvo lugar en época de temporales de 1738. No solo supuso una tragedia humana, donde se perdieron más de 100 vidas, sino también, una misión secreta fracasada.

Este navío sueco, que además, transportaba una batería de cañones de campaña, iba a ser entregado al imperio turco. Por un acuerdo secreto, Turquía debía atacar a Rusia por su frontera, mientras que Suecia, haría lo propio por la suya.

Ni que decir tiene que los turcos, visto que el barco no aparecía por Constantinopla, decidieron quedarse tranquilos en casa. Los suecos se lanzaron al ataque, y vaya fracaso, no solo perdieron al Sverige, sino que por poco pierden hasta la propia Sverige.

Pero la historia da para más. Tras del naufragio, el capitán sueco, Henrik Wagenfeldt, después del “sálvese quien pueda”, decidió recuperar lo que se pudiera de los restos, pero sobre todo, su artillería. Así que formalizó un contrato con un buzo de la Isla de León, actual San Fernando.

Mateo Capulino recupera la mayor parte de la artillería del buque y cuando le comenzaron a cuadrar las cuentas, vaya por Dios, a los ingleses se les ocurre lo de la guerra de la Oreja de Jenkins. Curioso nombre que derivó de la indignación del pobre Jenkins, quien contaba haber sido abordado por corsarios españoles, atado a un palo y cercenada su oreja. La vista del pobre apéndice, seco de tanto viaje, desató la ira y ánimos de venganza de los señores parlamentarios.

Proyectil del Sverige

Bala de cañón del Sverige

Vista la guerra que se venía encima, el gobernador de Cádiz ordenó que los cañones del navío sueco completaran las defensas de la ciudad. Ni las más vehementes reclamaciones suecas, ni tampoco el pobre Capulino esgrimiendo su contrata de salvamento, pudieron evitarlo.

El resultado final fue que, tras 25 años de reclamaciones, solo unos pocos regresaron a Suecia. El resto, a la mayoría se les perdió la pista y los demás, aun permanecen en el fondo.

Para saber más, consulta en el número de octubre de 2006 de la Revista General de Marina, el trabajo que me publicaron sobre este acontecimiento:

RGM_octubre_2006

Alejandro Gandul Hervás.

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