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Foto cortesía de Barbara Duhamel

Foto cortesía de Barbara Duhamel

Fue durante un curso de buceo en 1989, todavía se denominaban 2ª clase deportivo, cuando, por primera vez, oí hablar de él.

El patrón, un hombre, que recuerdo, ya curtido, sentenció:

          No, es francés.

Hablábamos, entre otras cosas, sobre naufragios y alguien dijo que había un submarino alemán hundido en las cercanías de Cádiz.

En aquella época y hoy, todo submarino hundido es alemán, al igual que todo naufragio del periodo colonial, es un galeón, ¡cosas de las leyendas del mar!

Es cierto que en el golfo de Cádiz hay varios, pero, lo bastante lejos y lo suficientemente profundo, como para ni plantearse una expedición. Pero este, sorprendentemente, resultó ser francés, y además, relativamente cerca de tierra.

El lugar de su ubicación no estaba claro, pero aquel hombre señaló que se encontraba al alcance de los equipos convencionales de buceo. La idea de llevar a cabo una inmersión en aquel lugar era, desde luego, muy emocionante.

El submarino en cuestión era el Tonnant, numeral Q 172. Una nave de la clase Redoutable que desplazaba 1560 Tm.

Tras la invasión alemana de Francia, el buque bajo el gobierno de Vichy  fue destinado a Dakar y de este puerto pasó a Casablanca. Allí se encontraba, cuando los aliados ponen en marcha la operación Torch y desembarcan en África.

Tras diversas vicisitudes, entre las que destacan, el bombardeo que sufre en puerto y un ataque fallido al portaaviones USS Ranger, puso rumbo norte y terminó entrando en Cádiz con averías.

Al no poder permanecer en puerto más de 24 horas, su comandante decidió hundirlo fuera de la bahía. Esto tuvo lugar en la mañana del 15 de noviembre de 1942. Finalmente, su tripulación fue internada en la base naval de La Carraca, donde permanecieron durante unos 9 meses.

En 1987, se propuso el reflotamiento de su pecio,  para, vaya tela, proceder a su desguace. Al menos una empresa se interesó en el proyecto y para valorar su rentabilidad, se organizó una inmersión en el lugar.

Curiosamente, una persona con la que, años después, trabé amistad, fue uno de los buzos que bajó a inspeccionarlo. Lo describió, como muy enterrado en fango, a algo más de 50 metros y prácticamente con nula visibilidad.

Afortunadamente, el proyecto no se llevó a cabo y el Tonnant permanece en el fondo.

Desde luego la inmersión requiere una preparación concienzuda y además de esas circunstancias, también se añade la dificultad de estar, en parte, cubierto de redes perdidas. Lo habitual de la zona es que, antes de llegar al fondo, ya la visibilidad sea 0 y haya que abandonar. Sin duda, muy recomendable, una operación de buceo técnico.

Alejandro Gandul Hervás.

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2 pensamientos en “El submarino olvidado

  1. / I do;2&8#17nt think shock value is a good thing when writing. It’s one thing if it’s a story or a book or something where the context is expected. But when one gets swearing in blog posts, it looks awful. I look at the ones I did and wonder what the heck I was thinking!

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